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En la lucha contra la COVID-19, debemos poner a las personas primero

Photo courtesy of War Child Holland

 

Dr Unni Krishnan


 

La antigua ciudad portuaria española de A Coruña tiene una historia fascinante, que contiene multitud de paralelos con nuestra actual lucha contra esta pandemia global. De hecho, la ciudad comparte su nombre con el virus que amenaza en la actualidad la salud y el bienestar de todo el mundo: ‘Coruña’ deriva de la palabra gallega ‘coroa’ (corona).

A Coruña es famosa por su faro, que según dicen data del II siglo d.C. El faro, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, luce una icónica escultura en forma de llama. La escultura fue erigida en honor a 22 niños huérfanos que llevaron en sus cuerpos la vacuna de la viruela desde España a las colonias españolas en las Américas y Asia a principios del siglo XIX.

El temido virus de la viruela mató a hasta un 30 por ciento de las personas que infectó. En 1798, la corte española del Rey Carlos IV había perdido a muchos miembros prominentes debido a esta enfermedad, y cuando llegaron noticias de una vacuna desarrollada por el médico inglés Edward Jenner, el rey entró en acción. Carlos IV decidió llevar la vacuna a los territorios españoles en Asia y las Américas; y así en noviembre de 1803 salió de A Coruña una expedición rumbo al Nuevo Mundo.

En esa época, antes de que existieran los sistemas de refrigeración, era complicado conservar la vacuna viva durante periodos largos, así que la expedición real desarrolló una solución. Entre los pasajeros viajaron 22 niños huérfanos que habían sido inoculados con un virus menos virulento, la viruela bovina, que era capaz de generar una respuesta inmune al virus de la viruela.

A medida que el barco cruzaba el Atlántico, a los niños se les fue vacunando de par en par, permitiendo que cada uno de ellos se recuperara, y pasándose entre ellos el fluido de las pústulas que contenía el virus. La expedición se encaminó a Nueva Granada (hoy en día Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá), Centroamérica, y las Filipinas antes de adentrarse a Sudamérica y más tarde a China, estableciendo sistemas locales para una vacunación masiva.

Sobra decir que hoy en día utilizar portadores vivos para una vacuna violaría estándares éticos y de seguridad. Sin embargo, lo que se hizo en A Coruña aún sirve para simbolizar un ejemplo de iniciativa e innovación global.

Varios países ricos están acumulando más vacunas de coronavirus que las que necesitan sus poblaciones. Esto podría significar que las vacunas están fuera del alcance para países de ingresos bajos y medios

Cómo enfrentarnos a la crisis actual

Hoy, la esperanza que ofrecen las nuevas vacunas COVID-19 y el compromiso global para luchar contra la enfermedad se ven mitigados por tres retos: la pérdida de medios de vida y la amenaza de hambruna a las que se enfrentan muchas personas; el acopio de vacunas por parte de estadios nación; y la ausencia de un liderazgo responsable.

Una crisis nos presenta diferentes opciones a elegir. Durante la mayor parte de mi vida profesional, he trabajado en contextos de crisis humanitaria en que las personas han de enfrentarse a las fuerzas de la naturaleza, la furia climática, los disturbios, la violencia militar y los microbios. Los supervivientes y los trabajadores voluntarios de ayuda humanitaria en estos contextos me han enseñado lecciones de vida inestimables acerca del significado verdadero de la humanidad, y que las mejores acciones son desinteresadas, compasivas y colaborativas. La noble labor de los trabajadores sanitarios y humanitarios de primera línea durante esta pandemia es un ejemplo vivo de estos valores humanos.

La mayor amenaza a la que nos enfrentamos como resultado de la pandemia es la pérdida potencial de medios de vida y el trastorno de los sistemas de alimentación. Unos 270 millones de personas en todo el mundo están al borde de la inanición, y los expertos predicen hambrunas en el futuro. El Programa Mundial de Alimentos de la ONU predice que el año “2021 será literalmente catastrófico”.

Los confinamientos, la suspensión de empleos y la pérdida de productos agrícolas acelerará esta potencial crisis. Si no se adoptan medidas de forma urgente, una generación entera sentirá su impacto, particularmente los niños y niñas del mundo. Los menores son las víctimas ocultas. Las medidas de confinamiento para combatir la expansión del virus de la COVID-19 limita de forma severa el movimiento de los niños, que no tienen acceso a comidas escolares nutritivas. Como resultado directo de esta crisis, en la actualidad hasta 1.500 millones de niños no están yendo a la escuela.

Hacer acopio de medicinas y eludir a la COVAX prolongará la pandemia y las medidas de confinamiento, amplificará el trauma, y el sufrimiento humano y económico

La segunda amenaza es el “nacionalismo de vacunas”. Varios países ricos están acumulando más vacunas de coronavirus que las que necesitan sus poblaciones. Esto podría significar que las vacunas están fuera del alcance para países de ingresos bajos y medios. La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que más de 39 millones de dosis de vacunas se han administrado ya en al menos 49 países de mayores ingresos. Como contraste, en uno de los países de menores ingresos, tan solo se han administrado 25 dosis.

Dicho de otra manera, algunos países ricos están desplegando su poder financiero y su peso político para saltarse la cola y acumular vacunas, y con ello están haciendo que suban los precios de las vacunas. Esto tendrá un impacto catastrófico para millones de personas, en especial aquellas que están viviendo bajo los efectos de la crisis humanitaria.

La People’s Vaccine Alliance – una coalición de organismos y activistas apoyada por líderes mundiales del pasado y el presente, expertos en salud, líderes religiosos y economistas – advierten que nueve de cada diez personas en países de ingresos bajos o medios están encaminados a no tener acceso a las vacunas contra la COVID-19 a no ser que los gobiernos y la industria farmacéutica tomen medidas urgentes para asegurar que se produzcan suficientes dosis.

Respetar el acceso equitativo a vacunas esenciales y cuidados de salud es un reto formidable en cualquier contexto humanitario, y es aún más difícil en medio de una pandemia. Para ganar esta lucha, es de vital importancia que las personas afectadas por los conflictos armados y las crisis humanitarias no se queden atrás. Es un imperativo moral asegurar que las vacunas estén disponibles para todas las personas; y también interesa a las naciones ricas asegurar que esto ocurra. Al fin y al cabo, la pandemia de la COVID-19 no habrá finalizado para nadie a no ser que haya finalizado para todos.

El Manual Esfera proporciona orientación para navegar la crisis moral a la que nos enfrentamos hoy

El tercer reto es una clara falta de liderazgo moral. El Director General de la OMS Tedros Adhanom ha declarado que “el mundo está al borde de un fracaso moral catastrófico.” En su declaración, criticó a países ricos que parecen no mostrar ninguna consideración por otras personas: “El precio de este fracaso se pagará con vidas y medios de subsistencia en los países más pobres del mundo”.

Una crisis global es una prueba de fuego para los líderes mundiales y las decisiones que toman revelan sus intenciones reales. Jacqueline Rose, en su comentario sobre La Plaga de Albert Camus, de 1947, lo resume perfectamente: “La pestilencia es al mismo tiempo una lacra y una revelación; saca a la luz la verdad oculta de un mundo corrupto.”

Hacer acopio de medicinas y eludir a la COVAX – una iniciativa bajo el liderazgo de la OMS para asegurar la equidad de las vacunas – prolongará la pandemia y las medidas de confinamiento, amplificará el trauma, y el sufrimiento humano y económico, y mantendrá a una generación entera de menores de países pobres fuera de la escuela, privándoles de su única oportunidad de construirse un futuro mejor.

Las corporaciones farmacéuticas que desarrollan las vacunas de la COVID-19 deben compartir abiertamente la tecnología y la propiedad intelectual a través de la OMS para asegurar que las vacunas seguras y efectivas puedan hacerse disponibles para cualquiera que las necesite.

Debemos esperar que la crisis global actual proporcione una oportunidad para que los líderes globales vean la humanidad desde una nueva perspectiva. Sus decisiones podrían contribuir a que el mundo sea un lugar más compasivo, pacífico, saludable y justo.

El Manual Esfera sobre la prestación de ayuda humanitaria proporciona orientación para navegar la crisis moral a la que nos enfrentamos hoy. La Carta Humanitaria insiste en dar prioridad a las personas y su dignidad, respetando sus derechos y abordando sus necesidades humanitarias. En una serie de conferencias organizada por Esfera el año pasado para analizar las dimensiones humanas y humanitarias de la pandemia, los expertos reiteraron la importancia de dar prioridad a las personas más vulnerables y pobres en contextos de crisis.

La oportunidad para proveer al mundo de esperanza está ahí a nuestro alcance.

 


Dr Unni Krishnan es Director Humanitario de War Child. Anteriormente, el Dr. Krishnan fue Presidente de la Mesa Directiva de Esfera y el autor principal del capítulo sobre Salud del Manual Esfera. War Child sueña con que ningún niño o niña sea parte de una guerra. Nunca. Y tenemos la osadía de creer que los sueños pueden hacerse realidad. War Child apoya la People’s Vaccine Alliance.