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Las comunidades afectadas como primeros respondientes: Cómo un pueblo indonesio lideró la lucha local contra COVID-19

 

 

Cuando COVID-19 comenzó a extenderse por Indonesia, el pueblo javanés de Gumuk Indah no esperó a obtener asistencia por parte del gobierno, o a que llegaran las ONG internacionales. Tomando las riendas de la situación, los residentes instalaron un sistema de respuesta para proteger a la comunidad. Confiaron en sus propias habilidades e ingenio, al tiempo que apoyaron la economía local y mitigaron los riesgos.

“Vivimos en la isla de Java, en un área urbana cerca de Yogyakarta”, explica Ary Ananta. Además de ser residente y voluntario en Gumuk Indah, Ary también es gestor de proyectos y de respuestas a emergencias en la oficina de país local de Arbeiter-Samariter-Bund, una organización asociada de Esfera. “Mi kampung (pueblo) incluye unos 130 hogares y se sitúa en las laderas del volcán Merapi. En 2006, nos azotó un terremoto, y en 2010 tuvimos erupciones volcánicas; luego en marzo de este año nos alcanzó la pandemia de COVID-19.”

“Tratamos de no sucumbir al pánico. Comenzamos a pensar sobre las formas en que podíamos ayudar a la comunidad. Decidimos tomar medidas.”

Al igual que los otros residentes de Gumuk Indah, Veronica Oktik Lestari inmediatamente empezó a temer por los medios de subsistencia de su familia. Su marido, que trabaja en un restaurante de Yogyakarta vio cómo los turnos de trabajo se redujeron drásticamente. Sus relaciones sociales y la intensa vida de comunidad muy pronto se vieron interrumpidas.

“Solía ir a la iglesia, visitar a mis padres todos los días y participar en una organización de empoderamiento femenino. También soy miembro de un coro; cantábamos en ceremonias”, dice. “Tratamos de no sucumbir al pánico. Mediante el grupo de WhatsApp de nuestra organización de empoderamiento, compartimos consejos de salud e higiene y nos motivamos las unas a los otras. Comenzamos a pensar sobre las formas en que podíamos ayudar a la comunidad. Decidimos tomar medidas.”

En marzo, los voluntarios de la comunidad pronto establecieron un grupo de trabajo de COVID-19 para enfrentarse al virus que se propagaba.

El grupo de trabajo se centró en tres aspectos principales: prevenir la transmisión del virus mediante actividades de promoción de salud, apoyar la economía local y reducir los riesgos dentro de la comunidad.

“Establecimos un punto de control a la entrada del kampung con la ayuda de voluntarios”, explica Wisnu Isnawan, presidente de una asociación vecinal y miembro del grupo de trabajo de COVID-19. “Exigimos que las personas se lavaran las manos antes de pasar el punto de control, tomamos la temperatura de cada persona que entraba al pueblo y recogimos información acerca de visitantes temporales.”

Algunos voluntarios estaban a cargo de promover el lavado de manos frecuente, o de rociar desinfectante en los sitios públicos. Otros ayudaron a personas mayores y personas con discapacidades.

“Sastres locales produjeron unas 300 mascarillas, incluidas algunas más pequeñas para niños y niñas. Distribuimos tres o cuatro por hogar. Queríamos maximizar el potencial de nuestros propios residentes”

Las mujeres y las niñas participaron en la realización de encuestas, tanto en línea como fuera de línea, para recopilar datos desglosados y determinar futuras intervenciones. La comunidad realizó evaluaciones cada nueve días, y discutieron sobre las necesidades de las personas con líderes comunitarios.

Para reducir el impacto de la pandemia sobre los negocios locales, el grupo de trabajo del kampung inició un movimiento de ‘autoayuda comunitaria’ para recoger donaciones y distribuir alimentos y kits de higiene, al tiempo que divulgaba información de salud e higiene. Entre marzo y junio, los residentes recibieron paquetes de ayuda en cuatro ocasiones; la primera entrega tuvo lugar tan solo seis días después del establecimiento del grupo de trabajo.

“Sastres locales produjeron unas 300 mascarillas, incluidas algunas más pequeñas para niños y niñas. Distribuimos tres o cuatro por hogar”, explica Wisnu. “Queríamos maximizar el potencial de nuestros propios residentes”, añade.

Lo que ocurrió en Gumuk Indah es un ejemplo excelente de una respuesta liderada por la comunidad que pone el foco sobre las necesidades de la población. En junio, esta experiencia fue el tema central de un seminario virtual de Esfera. Unos 260 profesionales humanitarios participaron a fin de aprender desde la experiencia de los voluntarios.

Al poner el foco sobre la dignidad humana y la participación de la comunidad, las normas humanitarias proporcionan un marco útil para guiar respuestas similares. También aseguran que las comunidades afectadas estén en el centro de cada decisión que se toma.

A lo largo de los próximos meses, Esfera y sus socios organizarán seis seminarios virtuales adicionales que abordarán la participación de la comunidad y la aplicación de normas humanitarias como parte de la respuesta a COVID-19.